Pasan las horas y mi cabeza está vacía, nada qué leer, nada qué pensar... A mi alrededor: individuos que tratan de amenizar la espera con la lectura, ordenando su cabeza con el tetris de su nuevo móvil o jugueteando con el iPod.
Lástima haberme dejado el libro en casa, ahora estaría degustando las últimas páginas de tan fascinante historia; convirtiendo el minimalismo con el que está decorada la sala de espera en un edificio abandonado y amenazado por el "kippel", pasando de la monótona espera a una tensión excitante, el clímax de la novela. Lástima... ahora tendré que esperar a la noche para comprobar si el hombre está dotado de más valores que los androides o si, por el contrario, fue Ridley Scott quien quiso cambiar el desenlace y aportar más humanismo al androide que al propio ser humano...
De todos modos, eran pocas páginas las que me quedaban por leer y en poco tiempo habría vuelto a encontrarme aquí sentada junto a mi aburrimiento. Claro que, al menos tendría algo en qué ocupar mi adormecida cabeza a estas horas de la mañana...

Miro a mi alrededor y lo único que podría ocupar mi tiempo son esas estúpidas revistas del corazón; ni un periódico ni otra lectura de cualquier especialidad. Si por lo menos las experiencias y testimonios que se relatan en esas publicaciones sirvieran de alguna utilidad... ¿Te imaginas que en lugar de contar sus chismes relataran sus crisis existenciales, sus reflexiones y momentos de lucidez? Por lo menos así serviría de algo leer estas revistas cuyo contenido se repite una y otra vez pero con distintos nombres; de este modo el dinero que ganan los personajes que en ellas aparecen, así como los "periodistas" tomaría más valor.. y dejaría de ser todo tan sumamente efímero.
Tic tac.. el gran reloj que hay perpendicular a la posición de mis piernas ríe ante mí, demostrándome cuan lento puede pasar aveces el tiempo. Hay que joderse con el relativismo del tiempo...
Deberían regalar pasatiempos en las consultas -pienso- pues los aquí presentes estamos regalando nuestro tiempo para entrar en un despacho donde nuestra presencia no durará más de 10 minutos. Ya que invertimos dicho tiempo en esa breve consulta, podrían proporcionarnos algo útil en que invertir la espera, ¿no crees? Bastante frustrante es observar cómo la manecilla mayor del reloj ha girado ya los 360º que indican que ha pasado una hora en la que no has hecho absolutamente nada... con la de cosas que hay por hacer...
Lástima haberme dejado el libro en casa, ahora estaría degustando las últimas páginas de tan fascinante historia; convirtiendo el minimalismo con el que está decorada la sala de espera en un edificio abandonado y amenazado por el "kippel", pasando de la monótona espera a una tensión excitante, el clímax de la novela. Lástima... ahora tendré que esperar a la noche para comprobar si el hombre está dotado de más valores que los androides o si, por el contrario, fue Ridley Scott quien quiso cambiar el desenlace y aportar más humanismo al androide que al propio ser humano...
De todos modos, eran pocas páginas las que me quedaban por leer y en poco tiempo habría vuelto a encontrarme aquí sentada junto a mi aburrimiento. Claro que, al menos tendría algo en qué ocupar mi adormecida cabeza a estas horas de la mañana...

Miro a mi alrededor y lo único que podría ocupar mi tiempo son esas estúpidas revistas del corazón; ni un periódico ni otra lectura de cualquier especialidad. Si por lo menos las experiencias y testimonios que se relatan en esas publicaciones sirvieran de alguna utilidad... ¿Te imaginas que en lugar de contar sus chismes relataran sus crisis existenciales, sus reflexiones y momentos de lucidez? Por lo menos así serviría de algo leer estas revistas cuyo contenido se repite una y otra vez pero con distintos nombres; de este modo el dinero que ganan los personajes que en ellas aparecen, así como los "periodistas" tomaría más valor.. y dejaría de ser todo tan sumamente efímero.
Tic tac.. el gran reloj que hay perpendicular a la posición de mis piernas ríe ante mí, demostrándome cuan lento puede pasar aveces el tiempo. Hay que joderse con el relativismo del tiempo...
Deberían regalar pasatiempos en las consultas -pienso- pues los aquí presentes estamos regalando nuestro tiempo para entrar en un despacho donde nuestra presencia no durará más de 10 minutos. Ya que invertimos dicho tiempo en esa breve consulta, podrían proporcionarnos algo útil en que invertir la espera, ¿no crees? Bastante frustrante es observar cómo la manecilla mayor del reloj ha girado ya los 360º que indican que ha pasado una hora en la que no has hecho absolutamente nada... con la de cosas que hay por hacer...
2 Comentarios:
En mi trabajo, tengo la desgracia de observar como hay gente que espera más de una hora, y a veces más de dos, a que el médico les atienda, pero lo peor es que son personas que se repiten semana tras semana. En una ocasión, un paciente, con mucha paciencia, me dijo: "mis días están contados y no puedo soportar ver perder mi tiempo en una sala de espera".Y pensé: están perdiendo el tiempo para poder ganar tiempo. Pero el tiempo es subjetivo y nuestras esperas pueden acortarse poniendo nuestra atención en otras cosas, más allá de la espera en sí.
Hombre... es un poco fuerte, si a los que nos creemos que nos queda toda una vida por delante ya nos estresa perder el tiempo porque tenemos demasiadas cosas que hacer en esta sociedad-express, ¡imagina aquel que sabe que sus días están contados! Pues no habrá pensado cosas mejores que hacer que esperar en una sala... cierto que así le sirve para reflexionar sobre que hacer en el resto del día y cómo asumir y animar a la familia para llevar la situación lo mejor posible; vale que en teoría están allí para "ganar tiempo" o ganar vida. Pero considero que ya ciertas visitas se pueden prever cuánto van a durar; también se puede prever una mejor organización en la agenda. Si de todos modos vamos a ser atendidos, ¿por qué no citarnos a la hora en que realmente seremos atendidos?
De todos modos, éste no era más que otro relato fruto de la reflexión en la sala de espera. No una crítica, aunque ya que estamos... ¿porqué no?
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