lunes 4 de enero de 2010

¿Cuestión de corazón o de estrés?

Una muchacha tiende la ropa. Un barco transatlántico abandona solemne el puerto. Grupos de palomas vuelan de un tejado a otro. La bandera del Palau de la Almudaina ondea suavemente al son de la brisa marítima. Pacientes vestidos de blanco salen a fumar un cigarrillo bajo el porche del la Tesorería de la Seguridad Social. Niños, ancianos, parejas y grupos de gente pasean por las Ramblas, admiran las flores de las casetas y conversan entre ellos. Mientras el sol se esconde tras las nubes y dibuja rayos de luz sobre la Ciutat de Palma, una mirada sedada por el movimiento del paisaje se esconde tras un ventanal. La música envuelve en paz a la muchacha que teclea bajo un haz de luz, el humo y el café embriagan sus pensamientos, tratando de encontrar respuestas o de dar forma tipográfica a sus sentimientos.

La muchacha que da forma tipográfica a su estado anímico es una más en los casos de depresión y ansiedad que han aumentado en este último año por el estrés y las consecuencias de la crisis. Puede que tanto el estrés, la enfermedad del siglo XXI, como la crisis la hayan afectado como a muchos otros. Éste sería el recurso fácil de clasificación en el Estudio Nacional de Estadística y del comportamiento demográfico. O puede que la muchacha simplemente esté pasando por un mal momento. Las causas del estado anímico de una persona pueden ser tan variopintas como ordinarias.

En su caso, por ejemplo, destacan que es una persona sensible. La incomprensión ante tal calificación la llevan a buscar respuestas en la RAE:

Sensible, (Del lat. sensibĭlis):
1. adj. Que siente, física y moralmente.
2. adj. Que puede ser conocido por medio de los sentidos.
3. adj. Perceptible, manifiesto, patente al entendimiento.
4. adj. Que causa o mueve sentimientos de pena o de dolor.
5. adj. Dicho de una persona: Que se deja llevar fácilmente del sentimiento.
6. adj. Que cede o responde fácilmente a la acción de ciertos agentes.
7. adj. Mús. Se dice de la séptima nota de la escala diatónica. U. t. c. s. f.

La muchacha trata de ordenar esos adjetivos:
1. siente: si
2. es conocida sensiblemente: por tanto existe
3. hace uso de razón: por tanto es dada al entendimiento.
4. si
5. ¿acaso es mejor ser frío?
6. ¿tales como café, nicotina, ansiolíticos y demás? Si.
7. Mús. La vida es como un piano: cualquiera puede tocarlo, pero sólo unos pocos saben sacarle melodía.

Cuantos la rodean, dicen de ella que es una persona muy especial. Un caso extraordinario dicen. Tales palabras no escapan a la modestia y provocan en ella mayor incomprensión. ¿Por qué especial? Pregunta ella. Porque pocas personas tienen el corazón tan grande como tú, y esa es la clave de tu problema, no puedes preocuparte por todos ni sentir por cada uno de los que te rodean, tienes que ser más egoísta y centrarte en ti, le responden. Ella medita esas palabras, no puedo dejar de sentir de éste modo, piensa. Y entonces comprende el concepto de sensible, como la describen, y medita sobre el gran corazón que dicen que tiene. Quizás el problema es que no es recíproco, quizás tengan que devolverle ese amor pero sea difícil alcanzar el que posee ella. Quizás por eso se siente triste e incomprendida, medita ella. Y entonces resuelve: no hay corazón tan grande que corresponda al suyo, pero los corazones de cuantos la rodean hacen en su suma un corazón mayor, y sólo con su apoyo puede emprender su reencuentro y sentirse correspondida en este mundo. Y entonces agradece el apoyo de cuantos la rodean y su corazón se hace aún más grande al no sentirse sola. Gracias.